Venexit, Mercosur necesita volver a su corazón. Por: Emili J. Blasco

 Una salida de Venezuela ayudaría a que el Mercado Común del Sur reencontrara su sentido geográfico y económico

√ La cuenca del Plata, la única parte de Suramérica con condiciones ideales para la interacción supranacional

 A Brasil le conviene Mercosur para influir en sus vecinos sin infundir miedo, como Alemania en la UE

Emili J. Blasco 

      Es la hora de Mercosur: el momento para que —de una vez— esa unión aduanera creada en 1991 por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, funcione como auténtico mercado integrado, algo que es necesario para esos países y conveniente para el conjunto de Suramérica. Para recuperar todo su sentido, el Mercado Común del Sur debería dejar en suspenso la pertenencia de Venezuela, no ya por la aplicación de la carta democrática, sino por razones de puro interés económico y de viabilidad como organización. En realidad, debería ser la propia Venezuela la que procediera al Venexit, corrigiendo un error –el ingreso de 2012 promovido por Chávez y facilitado por Lula y Kirchner, siguiendo intereses políticos– que el tiempo no ha hecho más que agrandar. Ampliaciones podría haber en el futuro (Bolivia también está a las puertas), pero hoy Mercosur debe reencontrar el sentido geográfico y económico que justificó su puesta en marcha.

RAZÓN GEOGRÁFICA. La región más extensa de llanura y suelo fértil de Suramérica, con mejores condiciones para las comunicaciones, especialmente fluviales, y dotada delclima más apto para el desarrollo de la actividad humana es la que va del tercio sur de Brasil a la mitad norte de Argentina, abarcando Paraguay y Uruguay. Esencialmente es la cuenca del Plata. Es la región que siempre ha tenido todos los números para ser la parte más aventajada de América del Sur. Eso explica los impresionantes crecimientos de la economía de Argentina a comienzos del siglo XX y de Brasil unos cuantos decenios después. Que esos ascensos se hayan vistos truncados o relativizados se debe a cuestiones domésticas que una verdadera integración de Mercosur ayudaría a superar.

Cuenca-Plata

La cuenca del Plata, de la zona de mayor riqueza de Brasil a la Pampa argentina

POCO COMERCIO. Mercosur se vio lastrada primero por inestabilidad económica de Brasil en los años 90 y luego por la inestabilidad doméstica de Argentina en la década siguiente; después el boom de las materias primas hizo que cada país se preocupara más del comercio con terceros. En 2013 el intercambio intraregional era solo el 15,5% del comercio total conducido por sus miembros. Un éxito de Mercosur facilitaría además unas relaciones más estrechas con la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile), propiciando quizás una convergencia que algún día ayude a superar invertebración de América del Sur, cuya geografía está fracturada por los Andes y el Amazonas.

SIN INTEGRACION, NADA. «Fragmentada como está, América Latina no tiene capacidad para los niveles de desarrollo que pretende. La integración no es un lujo, sino una necesidad», afirmó Enrique García, presidente de la Corporación Andina de Fomento (CAF) en un reciente encuentro en Washington. En esa reunión, Enrique Iglesias, antiguo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lamentó que hasta ahora a Mercosur le haya faltado el empuje de los dos grandes socios, Brasil y Argentina. Por su parte, Augusto Latorre, economista del Banco Mundial, advirtió que el crecimiento que necesita la región no vendrá de la demanda doméstica de cada país, sino de la integración de mercados nacionales, pero no concebidas esas uniones como islas, sino como medio para la interacción global.

ACUERDO CON EUROPA. Algo se está moviendo en la correcta dirección. Así, el cambio presidencial en Argentina ha supuesto un revulsivo para la negociación del importante acuerdo de Mercosur con la Unión Europea. «Rousseff ya estaba convencida de la conveniencia de ese acuerdo, y ahora Temer, como nuevo presidente de Brasil, sigue en esa línea; pero ha sido sobre todo la llegada de Macri lo que ha dado un nuevo impulso», dice Miguel Ángel Benedicto, secretario general del Movimiento Europeo. En su opinión, las últimas disputas sobre la presidencia pro tempore de Mercosur no son buenas para los plazos de la negociación, de todos modos advierte que el principal problema para un acuerdo no está del lado suramericano, sino del europeo: es Francia, que quiere proteger su agricultura y su ganadería, y está a las puertas de unas elecciones presidenciales.

BRASIL, COMO ALEMANIA EN LA UE. A Brasil le debiera interesar especialmente esa apuesta por Mercosur, no solo porque es la manera de arreglar sus deficiencias económicas estructurales ahora puestas de manifiesto, sino porque también es el modo de disimular su preponderancia en la región. Brasil debe superar su tentación de buscar influencia en el mundo por libre (algo difícil de conseguir, como ya se ha visto) para hacerlo a través del entorno latinoamericano en el que se encuentra. Así como Alemania tranquiliza a sus vecinos liderando un proyecto de integración, también Brasil puede calmar las susceptibilidades sobre sus aspiraciones mediante la estrecha cooperación con las naciones más próximas. Si la Unión Europea es el modo de encauzar la histórica rivalidad entre Francia y Alemania, Mercosur es la mejor garantía para garantizar la buena vecindad entre Argentina y Brasil, donde Uruguay y Paraguay actúan al modo del Benelux europeo.

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