Roberto Patiño: 100 años de soledad… petrolera

No se trata de Macondo o la familia Buendía. Hoy es 31 de Julio de 2014, nuestro país cumple 100 años de explotación petrolera. Son 100 años de soledad del petróleo como producto monopolizador de las exportaciones venezolanas. No hemos sabido manejar la renta del oro negro para evitar que las condiciones económicas que genera ese flujo constante de dólares al país, ponga cuesta arriba el desarrollo de otros sectores. Son 100 años de soledad que tienen también la mayoría de nuestras reservas petroleras bajo suelo. Venezuela es el país con las reservas más grandes del mundo y tenemos aún la tarea pendiente de desarrollar una industria petrolera que sea capaz de sacarles el máximo provecho. Son esos dos grandes temas, el correcto manejo de la renta y el crecimiento de la industria los que tenemos que resolver urgentemente. Con el desarrollo esperado de nuevas tecnologías para el transporte, el siglo que estamos viviendo es nuestra última oportunidad para aprovechar como nación este recurso.

Nuestra Industria Petrolera: 100 años de soledad de la mayoría de las reservas en nuestro subsuelo.

El 31 de Julio de 1914 inició formalmente la producción petrolera venezolana en el pozo Zumaque I en el Estado Zulia cerca de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo.  La dictadura de Gómez tuvo la política petrolera más favorable para las empresas multinacionales en Latinoamérica. En particular tuvo dos empresas preferidas, la Standard Oil y la Royal Dutch Shell. En documentos internos de esta última calificaban las condiciones que Gómez les había ofrecido como el negocio más “colosal” que habían realizado. Para 1930 estas dos compañías controlaban el 85% de la producción en Venezuela; en ese mismo año la recaudación fiscal por concepto de esta industria ya representaba el 54% del total y una década después esa cifra ya estaría encima del 67% de todos los impuestos recolectados por el gobierno. El petróleo ya era vital, sin embargo, el país estaba a merced de unos negocios con esas transnacionales poco favorables.

En el año 1943 en el gobierno de Medina Angarita, se renegocian las condiciones y se logra el famoso acuerdo 50:50, donde las ganancias se dividían a la mitad entre el país y la compañía, lo que resulta en 40 años de concesiones petroleras. Con esto empieza un crecimiento frenético en la producción de petróleo en el país que llega a su pico en 1969 cuando se la producción petrolera en Venezuela la mayor de la historia con alrededor de 3.700.000 barriles diarios. Hoy, los más optimistas hablan de una producción alrededor de los 2.700.000 barriles diarios. De eso hace ya 45 años!.

En 1976 se concreta la nacionalización de la Industria petrolera en el marco de una declinación de la producción que toca su punto más bajo entre 1986 y 1987 cuando se produjeron alrededor de 1.800.000 barriles diarios en el país. Una caída a la mitad de lo que se producía en 1969. Este fenómeno se explica, entre otras razones, por la desinversión que ocurrió en la década anterior a la nacionalización. La industria petrolera depende de grandes inversiones que generan grandes dividendos luego de un tiempo considerable. La inversión en la industria petrolera se asemeja a la inversión que hace un club deportivo en su cantera. Los resultados no son inmediatos ya que se invierte en los niños que todavía no pueden jugar en los equipos profesionales, pero cuando esos niños crecen se convierten en el valor principal que tiene una institución deportiva. En el caso de nuestra industria, en los años sesenta las grandes empresas multinacionales petroleras que tenían negocios en Venezuela y capacidad de inversión, dejaron de meter su dinero en el país ya que se sabía que la industria sería nacionalizada. Decidieron invertir en la cantera de otro club: en la industria petrolera de otros países con condiciones más favorables para ellos.

En los años 90 se realiza el proceso de apertura petrolera en el cual se invitan nuevamente a los capitales extranjeros a participar activamente en nuestra industria. La producción aumenta considerablemente al recoger los frutos de las inversiones realizadas por PDVSA luego de la nacionalización y por estos capitales nuevos. En 1998 se logra tener la mayor producción de petrolera luego de la nacionalización con los costos más bajos de producción. Para ese año la producción fue de 3.500.000 barriles por día.

Con la llegada de Chávez al poder, llega también la desinstitucionalización y politización de la industria petrolera. Luego de la crisis de 2002 fueron despedidos más de dos tercios de los profesionales de PDVSA quienes tenían conocimientos únicos en el mundo como lo han demostrado en todas las latitudes. En 15 años de gobierno chavista, más de uno de cada cinco barriles que se producían en 1998 se dejaron de producir. La producción declinó para ubicarse en 2.700.000 barriles diarios.

Lo más triste es pensar en los años perdidos, tenemos más de una década escuchando a los voceros oficialistas de que deberíamos estar produciendo 6.000.000 de barriles diarios y seguimos estancados. La comparación con los otros países con grandes reservas es también preocupante: Arabia Saudita, Rusia y Estados Unidos producen alrededor de 10.000.000 de barriles diarios. ¿Cuánto dinero perdemos diariamente al permitir que países con reservas menores a las nuestras produzcan casi 4 veces más que nosotros?

Monoproducción y mitos: 100 años de soledad por el mal manejo de la renta que no permite a más nada crecer.

El petróleo ha sido mal visto en Venezuela por la incapacidad que hemos tenido para manejar correctamente la renta petrolera. El mito de que el petróleo es el “excremento del diablo” ha afectado nuestras percepciones sobre la industria y la renta. La verdad es que no es el petróleo el culpable. Somos los venezolanos que no hemos sabido cómo manejar la renta petrolera para que haya en el país estabilidad económica para que se pueda invertir. Es urgente establecer un acuerdo que nos permita tener condiciones para el desarrollo económico y social.

Simón Díaz, uno de nuestros más importantes referentes culturales, describe lo que se encuentra en nuestro imaginario colectivo sobre el petróleo: es el culpable de que se abandonara el campo y la actividad agropecuaria que debía ser la fuente estable de nuestra riqueza:

“La tonada sabana pinta la historia de un hecho cumplido, estaba el campesino sembrando en su conuco y se le presenta un hombre con un tractor y le dice:

–          Para quien trabajas tu ahí?

–          Yo… yo trabajo pa… como el borrachito, por mi cuenta

–          Y cuanto ganas?

–          Yo? Yo gano 21, 22 o 23… depende

–          Si te vienes conmigo te doy 70

Era el boom petrolero que lo arrancaba del campo, y este hombre con el señuelo de ese mejor sueldo, hizo como dijo el poeta Andrés Eloy Blanco “Aquella mujer se fue detrás de un hombre a caballo”, este hombre se fue atrás de un hombre a tractor”.

Para el tío Simón la sabana se queda solita “como becerro sin madre, como morichal sin agua” por causa del petróleo. Pero él insiste, “Yo se que el campo es la solución, en el campo está la comida, está la cosecha, está la vida”

En 1948, Arturo Uslar Pietri describe el mito del petróleo como una maldición que nos ha caído a los venezolanos  “El minotauro de Venezuela es el petróleo. Monstruo sobrehumano, de ilimitado poder destructor, encerrado en el fondo de su laberinto inaccesible, que está devorando todos los días algo que es tanto como sangre humana: la sustancia vital de todo un pueblo. Es como si estuviera sorbiendo la sangre de la vida y dejando en su lugar una lujosa y transitoria apariencia hueca.”

Es significativo que Uslar Pietri utilice la imagen mitológica del minotauro para describir lo que el petróleo es para los venezolanos. Fue él  utilizó por primera vez el término “realismo mágico” tan importante en la literatura latinoamericana por ser sobre todo “una actitud frente a la realidad”. Uslar explica que producir en Venezuela es más caro que en cualquier país del mundo por causa del petróleo “La más alta calidad del más fino café de Colombia es más barato que nuestra pasilla”, todo es más barato importarlo que producirlo y que sólo “podemos exportar petróleo y abigarradas caravanas diplomáticas”.

Según estos dos referentes y muchos otros pensadores venezolanos del siglo XX, es el petróleo, en fin, el culpable de los 100 años de soledad de producción en Venezuela.

Del punto de vista político, Rómulo Betancourt propuso un manejo de la renta en el cual “el Estado se constituye como estimulador, financiador y orientador de las actividades económicas que tienden a hacer más abundante y variada la producción doméstica; y como Estado/empresario, para desarrollar algunas actividades directamente vinculadas al interés público”. Este modelo que incluía la “sustitución de importaciones” se agotó al desarrollar un sector empresarial poco competitivo a nivel internacional que dependía del apoyo del Estado y que no generó innovaciones fuera del ámbito petrolero. También se utilizó la renta para financiar la masificación de la educación y la salud en el país. Hugo Chávez, contando con el precio de petróleo más alto de la historia, propuso utilizar la renta petrolera, a través de las misiones,  para saldar la deuda social que tenía el país con los excluidos. Sin embargo, ese modelo generó dependencia del estado y ningún crecimiento económico sostenible.

Debatir qué hacer con la renta petrolera para generar desarrollo con justicia social, en el marco de un sistema estable económicamente, es un reto fundamental para nuestra generación. Promover confianza en nuestro país e instituciones es la piedra fundacional.

100 años de soledad y 100 años de futuro

El petróleo representa hoy 98% de la energía que se consume para transporte y 40% de la consumida para procesos industriales en el mundo. La presión por los altos precios y el calentamiento global han impulsado la investigación sobre nuevas fuentes de energía para el transporte. Sin embargo, hasta los más optimistas de las energías renovables hablan de una ventana de al menos 30 años adicionales que le quedan al petróleo. Si hacemos las cosas bien, los próximos 100 años son de futuro prometedor para Venezuela apoyándonos, más no limitándonos, en el petróleo.

José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán se casaron llenos de temores por el mito de que al ser primos sus hijos podían nacer con rabo de cochino. La pareja no tuvo hijos en su primer año de matrimonio por ese temor. Eso llevó a que José Arcadio tuviese que enfrentar y matar a Prudencio Aguilar, quien lo ofendió con el tema, para luego tener sus hijos aunque temiendo siempre al fantasma de Prudencio, que lo perseguiría toda su vida. Nuestro país se ha casado con el petróleo con temor también por una narrativa llena de mitos, como el “excremento del diablo”, que son tan absurdos como el de hijos con rabo de cochino. Hemos pasado ya 100 años sin tener nuestra industria a su máxima capacidad y utilizar correctamente la renta por el temor a esos mitos. Hagamos como hizo José Arcadio: vamos a enfrentarlos y derrotarlos. Eso sí: no le tengamos miedo a los fantasmas luego, los fantasmas no existen.

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