Navidad de las chicharras por Carlos Rodríguez

Hace unos pocos días un grupo de el Poblado en Margarita anuncio el reinicio de sus misas de aguinaldo en las madrugadas. Tan sólo al escucharlos vinieron como en alud cualquier cantidad de pensamientos y recuerdos hermosos, de esa Venezuela, de la mejor de todas.

Íbamos a misa (algunos), patinábamos, cantábamos, éramos muchos, muchísimos, todos la pasábamos bien, llegaba la misa del gallo y a partir de ahí, a esperar un año.

Todos caminando por las calles de vuelta a nuestras casas, ningún herido, cero muerto, que cruda realidad para los tiempos que vivimos, los de involución, degradación de la calidad y condición humana.

 

El imperio era el trabajo duro de nuestros padres y la buena educación recibida, nos fueron formando para ser gente de bien y muchos lo hemos sido y lo seguimos siendo.

24 de diciembre era una fecha tan esperada, todos en casa, en familia con música de Billos o aguinaldos, agradeciendo a Dios por lo que teníamos y a partir de las 12 comenzaban las parrandas, de una casa a otra y creciendo el grupo y la parranda cada vez mayor.

Éramos felices y no lo sabíamos, en el camino muchas cosas se distorsionaron, subió el petróleo y la corrupción, pero seguíamos siendo felices, en nuestras casas comían los que se decían ser comunistas y socialistas, y como no existía el resentimiento, todos la pasábamos muy bien.

Hoy nuestras navidades son el reflejo de una dictadura roja, mal venida, aquellos que comían en nuestras casas son nuestros carceleros hoy. Los grandes bandidos, a quienes el ron nuestro les hace daño y por eso sólo beben 18 y 21 años.

Mi mente está tranquila pero no mi corazón, como no lo están millones de corazones por el terrible daño causado por esta plaga.

Cada día le doy gracias a Dios porque Venezuela no entro en guerra con ningún país porque con la ineptitud, corrupción y bandidaje militar que tenemos, hubiésemos sido arrasados de la faz de la tierra.

No puedo ver a mis padres e hijos porque no tengo como pagar el pasaje ni los gastos y así estamos millones de venezolanos, mientras malandros gobernantes se pasean y se jactan de lo que nos han timado. Militares mostrando todo lo robado, pensando que siempre serán impunes.

Mi corazón está herido, como el de millones, queremos ver a los nuestros, lo seguiremos intentando y ustedes mal vivientes que nos han arruinado nuestras vidas y navidades, sepan que de aquí no se van lisos y a todos les va a llegar el castigo que merecen.

No tenemos para comprar cohetes, ni luces de bengala ni triquitraques, ustedes son como los perros, con el perdón que los canes se merecen, están tranquilos porque nada explota, tal vez en vez de perros son chicharras.

 

Carlos Rodríguez

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