Michele Vielleville: La musa de todo un pueblo, del pueblo Venezolano.

En la mitología Griega Calíope fue considerada como la musa más importante de todas, su nombre provenía de los términos griegos  que significaban la de la “bella voz” y le había sido conferida una rama de las bellas artes: la elocuencia y la poesía heroica. En la antigüedad, se dice que los grandes estadistas la invocaban, fundamentalmente porque ella les proveía de la necesaria inspiración para desarrollar el tan preciado don de la elocuencia, sin el cual no hubiesen podido desempeñar sus altos cargos de la forma en que lo deseaban y con la efectividad que sus tareas demandaban.

 Y no es casualidad que Calíope fuese una mujer. De hecho, su rol podría verse representada en la figura de la mujer venezolana, que en la historia se ha destacado por alzar su bella voz para encarar las necesidades de su gente; una figura que en la actual coyuntura política ha servido, tal vez no como en la antigüedad para inspirar a hombres de Estado o a poetas, pero sí  a todo un país, a toda una nación, a millones de mujeres más que ven entre sus propios rostros la musa de todo un pueblo.

En días pasados fue noticia una multitud de mujeres venezolanas que en la frontera, por desesperación, cruzaron a la ciudad de Cúcuta, en Colombia, en la búsqueda de alimentos y medicinas, a las cuales no pareció obstáculo  el cerco militar que fue colocado, que les estaba impidiendo su paso al vecino país. Esa actitud desafiante, de lucha, de inconformidad, ese espíritu osado, permanece en las calles. Ese carácter se manifiesta en el rostro de millones de mujeres que al calor del día hacen cualquier sacrificio por asegurar el bienestar de sus familias. Y cada vez más esa actitud aguerrida debe canalizarse para exigir a la clase política gobernante que de una vez por todas dé luz verde a la realización del revocatorio, a la salida electoral como único camino por medio del cual es posible dirimir controversias  políticas y garantizar la estabilidad democrática en el sistema político venezolano.

Es un hecho notorio el rol político de la mujer venezolana que se ha visto desempeñando en el espacio público institucionalizado, que abarca las instituciones del Estado, en donde ha obtenido representación y participación en la toma de decisiones; indiscutiblemente ha ido en aumento en los últimos años, aunque no en los términos deseados, pues en la actual composición de la Asamblea Nacional  tan solo 35 de los 167 diputados (26 por la MUD/ 9 por el PSUV),  son mujeres, lo que representa un 20,95% del total de candidatos que resultaron elegidos. Sin embargo, la bella voz, de ese pequeño pero importante porcentaje, se ha hecho escuchar en ese espacio formal, en nombre de millones de madres, estudiantes, profesionales, trabajadoras, donde la discusión ha estado dirigida a ofrecer respuestas concretas a la gran cantidad de exigencias de una sociedad, que demanda acciones eficientes y efectivas a sus principales preocupaciones. Son estas mujeres, con vocación de liderazgo quienes a través de su elocuencia se han constituido en musas de un país, que inspiran en su gente la necesidad de un cambio.

Pero ese rol político de la mujer venezolana, antes aludido, no se ha agotado en ese espacio público formalmente institucionalizado. Puesto que podría hablarse también del rol político de la mujer en el espacio público no institucionalizado, que es llevado a cabo por aquella ciudadana ama de casa, madre de familia, emprendedora, profesional, que con el paso de los días ha asumido el cuidado de los ciudadanos del futuro, su educación y protección, o que también se ha visto contribuyendo, en términos estrictamente profesionales, a formar parte del desarrollo económico, tecnológico y político de la sociedad. También estas mujeres, en medio de una realidad política, económica y social compleja, desde sus esfuerzos cotidianos heroicos, han manifestado firmeza y ánimo. Sin duda representan la inspiración por la cual resulta necesario promover un cambio en el país.

 

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