Las lecciones que le dio el Plebiscito de Colombia a la “Revolución”, por @MichVielleville

La soberanía de los pueblos se mide en la capacidad que estos tienen de elegir sus propios destinos. El pasado domingo fue un día histórico para la República de Colombia. Ese día se realizó un plebiscito que tenía como propósito refrendar el Acuerdo de Paz que había sido suscrito por el Gobierno colombiano y las FARC meses atrás, como una iniciativa del presidente Juan Manuel Santos para involucrar a los ciudadanos del país en los procesos de negociación, que permitieran revestir con el manto de la legitimidad popular ese acuerdo, tal como lo exige el modelo democrático. Pero los colombianos dijeron “No” al acuerdo de paz con las FARC. Los resultados dieron la victoria a la opción del “No” que se impuso con 50,2% (6.408.350 Votos) frente al “Si” que obtuvo 49,7% (6.346.055 Votos).

El pueblo colombiano eligió y sus líderes políticos en las últimas horas han dado muestras de madurez política,  luego de haber conocido el resultado que los ha obligado a hacer un profundo ejercicio de reflexión, para interpretar adecuadamente el mensaje del soberano, quien ya tomó su decisión. Pero realmente el aspecto que se desea traer a discusión son las diversas lecciones que dio el plebiscito de Colombia a la Revolución.

De esta manera, un  hecho importante que debe tener en cuenta la revolución es que el proceso electoral para la realización del plebiscito sólo necesitó de tres meses para su concreción definitiva. Así, a pesar de que el plebiscito se encontró en medio de un proceso complejo conforme al cual tuvo que atravesar por tres poderes, que luego de ser anunciado por el presidente Santos el 23 de Junio, lo obligó a someterse a la aprobación de la Corte Constitucional el 18 de Julio, y posterior, a la autorización del Congreso de ese país que este diera el 29 de agosto, a la institución encargada de la dirección y la organización de ese proceso electoral en esa país, la Registraduría Nacional del Estado Civil, sólo fueron necesarias unas pocas semanas para preparar la elección. A diferencia de esta jornada, en Venezuela la convocatoria al referendo revocatorio, ha venido acompañada de largos retrasos y numerosos obstáculos provocados por el Consejo Nacional Electoral (CNE). Una institución que por muchos años ha ufanado ser ejemplo al mundo en avance tecnológico y transparencia, pero que cada vez más deja al descubierto los intereses políticos que ha decidido proteger.

Así, lo que revela la realización del plebiscito colombiano, con relación al referendo revocatorio, es que no es el proceso de organización de la elección, ni los lapsos de tiempos dispuestos para su realización, las principales diferencias entre los sistemas electorales de ambos países, sino la voluntad política y la autonomía institucional los elementos que se han convertido en determinantes para garantizar una dinámica verdaderamente democrática. En efecto, el proceso electoral colombiano es un ejemplo de eficiencia, en comparación a lo que ha implicado la realización del referendo revocatorio y la responsabilidad que en ello ha tenido el CNE, aquí en Venezuela. Sobre todo cuando se toma en cuenta que esa votación fue hecha manualmente y a pesar de eso, se conocieron sus resultados en un tiempo promedio de dos horas. En este sentido, como se recordará, el CNE en otras oportunidades ha realizado elecciones en menos de 45 días, pero ahora cada vez son más los obstáculos que él mismo ha establecido para evitar a como dé lugar que el revocatorio sea este año. Que sus intereses latentes queden al descubierto y aparezcan sus verdaderas pretensiones, es confirmado sobre todo cuando se analiza que en Colombia se preparo en 30 días una jornada electoral que aplicaría una votación manual, cuando en Venezuela el CNE ha pretendido que se necesitan 90 días para instalar un proceso que emplea un sistema automatizado -el mejor del mundo, vale acotar.

También llama la atención que el CNE no haya aceptado para el referendo revocatorio la presencia de observadores internacionales, cuando se supo que Tania D´Amelio, una de sus rectoras  se encontró asistiendo al plebiscito en Colombia, formando parte así del grupo de observadores de ese proceso. Entonces, se sigue sosteniendo por boca de las propias autoridades del organismo electoral que el sistema es uno de los más modernos y eficientes en el mundo, ejemplo para las democracias, una institución que siempre ha dado lecciones de “robustez” a las naciones, sin embargo, sus acciones y resultados dicen todo lo contrario; y  eventos electorales como los realizados en la nación vecina, deben llamarlos a la reflexión, ya que sin querer,  se han convertido en el espejo que ha dejado al descubierto sus más profundos defectos.

Sin duda, ese modelo de organización electoral de Colombia le ha dado una rotunda lección a la revolución y sus partidarios. Furtivamente el plebiscito de Colombia ha tenido dos poderosos efectos en las últimas horas sobre Venezuela. El primero de ellos, coloca en evidencia que los retrasos y los obstáculos que promueve el CNE y sus cuatros rectoras, es señal de un régimen desesperado que ha decidido justificar cualquier medio para la preservación de su fin último: que es mantenerse en el poder. Pero el segundo, más importante por supuesto, es que está intercediendo a favor del pueblo venezolano internacionalmente, ya que está diciéndole al mundo que si un proceso electoral tan complejo como el realizado en Colombia pudo concretarse en menos de seis semanas, es posible que el referendo revocatorio se haga este año. Y nacionalmente ha llenado de esperanza a una inmensa mayoría de venezolanos que exigen un cambio de gobierno por medio de un camino electoral.

A partir de ahora, los días que restan son de lucha cívica, de presión ciudadana. El movimiento de la Unidad en todo el país está convocado a manifestar en forma pacífica pero con contundencia. Queda entonces bajo nuestra responsabilidad mantener viva la llama del cambio, ensamblando y no dispersando, motivando y no desmovilizando. Demostremos este 26, 27 y 28 de Octubre el carácter de un bravo pueblo que anhela su yugo lanzar.

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