Las dos caras del consenso político en Venezuela, por @MichVielleville.

El consenso en la sociedad es un elemento indispensable para garantizar la estabilidad en la democracia. Es el factor que permite asegurar los procesos de entendimiento y preservar la convivencia entre los habitantes de la ciudad. Como concepto político, su importancia radica en su capacidad de representar en la comunidad política un estado de acuerdo entre ciertos actores miembros del sistema político, sobre determinados asuntos. Pero tampoco es un elemento estático, o fijo, ya que está sujeto a las condiciones de un entorno cambiante, a la satisfacción de necesidades específicas y a la compleja dinámica de las sociedades.

        La falta de consenso político es un factor que incide negativamente en los procesos sociales. La disminución sustancial de este elemento incrementa repentinamente la probabilidad de generación de crisis en los sistemas políticos. En Venezuela la pérdida prolongada de legitimidad del gobierno, su desgaste y la falta de eficacia y efectividad en el proceso de toma de decisiones, sumándole a ello los profundos desacuerdos existentes entre los principales actores políticos y los altos grados de tensión social, son todas señales que confirman la pérdida de los niveles de consenso político y anuncian una nueva etapa de la crisis. Ciertamente, hace unos meses atrás se pensaba que el más grave problema generado por el gobierno en la sociedad venezolana era tan solo de índole material, falta de medicinas, desabastecimiento, inseguridad, pero hoy es más grande la deuda moral que se tiene con el país.

        Las  necesidades de los ciudadanos venezolanos no sólo se reducen a los asuntos que se refieren a aspectos tangibles, porque hoy sus más grandes carencias también son de tipo simbólicas. Los ciudadanos esperan respuestas contundentes de sus líderes políticos, solicitan una clara defensa de los valores y los ideales fundamentales que defienden; exigen coherencia en las acciones, y comparten entre todos unas mismas necesidades sociales. Cuando esas necesidades no son satisfechas, ocurre que las sociedades son introducidas en un proceso de profunda desesperanza y frustración colectiva. Y el gobierno de Nicolás Maduro se ha encargado de agravar esta situación cada día que pasa, al cerrar las puertas al cambio y al negarse a manifestar un mínimo gesto de voluntad que permita drenar los niveles de tensión popular.

        Al principio se dijo que el consenso político en la sociedad era un elemento indispensable para garantizar la estabilidad en la democracia, porque de alguna manera permite garantizar un mínimo de acuerdo sobre asuntos en específico; pero no siempre ocurre así, pues, de hecho puede haber consenso acerca de practicar la apatía y el desinterés por lo público, como reacción a una situación particular. Este es el otro rostro del consenso que no es tan atractivo, pero igualmente debe ser considerado para comprender la realidad que nos ha tocado vivir. Indudablemente son millones de venezolanos los que soñamos con un mejor futuro, donde sea posible tener calidad de vida, donde alcance el salario y se pueda vivir sin temor a ser víctima de la delincuencia, y la excelencia y no la mediocridad sea recompensada, pero la falta de consenso sobre los caminos que permitan hacer factible ese proyecto de país, podría convertirse en nuestro peor enemigo. Esa ha sido parte de la estrategia del gobierno en los últimos días que ha tratado de aprovechar, con la cual se ha buscado desesperanzar al ciudadano, y algunos ya  han caído en la trampa.

        Pero no es ocasión para acordar sobre la indiferencia, o de concebir el consenso político sobre la base de la apatía, pues existe una deuda moral, simbólica y social de los ciudadanos que debe ser compensada, y sólo mediante la construcción del consenso político, en su sentido positivo, a través de la participación y movilización política activa, se logrará responder a estas peticiones. Los  líderes de la Unidad estamos llamados a desempeñar esa labor y a ser conscientes de nuestro papel histórico para conseguir ese desarrollo político deseado; de la prudencia y buen juicio dependerá el destino de la nación y la motivación de sus ciudadanos. Tenemos que creer que sí se puede construir el país que todos merecemos.

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