Guillermo A. Cochez: El saqueo de Venezuela

Es entendible que después de un conflicto bélico o de grandes catástrofes naturales se produzca la destrucción parcial de un país o de una ciudad. Lo vemos a diario con lo que nos muestran los medios de comunicación en diferentes sitios del planeta de donde millones huyen por los efectos de la guerra o como consecuencia de algún terremoto o alguna inundación. Lo que resulta inexplicable es que un país rico, sumamente rico, riquísimo, como Venezuela, que no ha sufrido guerra ni ha sido víctima de ninguna tragedia nacional mayor, se encuentre hoy en el paupérrimo estado de precariedad y pobreza que está, a pesar de los miles de millones que sus arcas nacionales han recibido desde que en 1999 asumió el poder Hugo Rafael Chávez Frías. Lo peor del asunto es que aún haya a nivel mundial supuestos líderes que apoyen la trágica situación que algunos causaron allí.

El viejo amigo, José Curiel, ministro de Obras Públicas en el primer Gobierno de Rafael Caldera (1968-73), en julio de 2014 hizo un análisis de los dos modelos recientes de Venezuela en su libro Del Pacto de Punto Fijo al Pacto de La Habana , en donde, con cifras, analiza lo ocurrido en su país en términos de crecimiento económico social en esos dos períodos: 1958-1998 y 1999-2012; de analizarse hasta hoy sería muchísimo peor. Punto Fijo fue aquel compromiso que los grandes partidos políticos hicieron para reconstruir la democracia luego de tantos regímenes militares y la comparación se hace con los primeros 14 años de chavismo, prácticamente entregados a Cuba. De 1958-98, o sea cuarenta años, los ingresos anuales fueron $10.685 millones, comparado con $99.615 entre 1999-2012, o sea $88.930 millones de más en 26 años menos. El precio de barril promedio en el primer periodo fue de $13.08 y en el segundo $51.80, o sea una diferencia de $38.72, lo cual debió servir para bajar la deuda y dar más al sector social del país.

En el primer periodo la deuda del país ascendió a $32.809 millones y en el segundo a $215.000 millones, o sea 6.5 veces más, a pesar del considerable aumento del precio del petróleo. La deuda de PDVSA, en el primer periodo (de 40 años), llegó a 5.000 millones en el segundo de (14 años) llegó a $78.506 o sea 15.7 veces más, que con menos producción que antes y con mayor costo en la producción por el deterioro de sus equipos e instalaciones.

En el tema de seguridad es sumamente dramático: En el primer periodo eran 9 homicidios por cada 100 mil habitantes y en el segundo se disparó a 275 por cada 100 mil habitantes, o sea 30 veces más. Caracas es una de las ciudades más violentas del mundo. En delitos de hurto y robo de 0.72 por cada 100 mil habitantes se multiplicó a 186 por cada 100 mil habitantes, o sea 258 veces más. La criminalidad, con el armamento que Chávez entregó a diestra y siniestra sin importar a quien, se ha multiplicado.

En términos de salud el asunto es gravísimo. En los primeros 40 años de la comparación habían 25.32 camas hospitalarias por cada 10 mil habitantes; en el otro periodo 17.01, o sea un déficit de 46.831 camas. En materia de alimentación es peor: el promedio de ingesta de carne bajó 5 kilos por persona anualmente y 49 litros de leche de consumo por habitante al año. Todo esto se palpa a diario con las grandes filas de venezolanos que madrugan para obtener algo de comida o algún medicamento.

En estos últimos años, a pesar de los grandes ingresos recibidos, en Venezuela no se construyó un solo nuevo aeropuerto, solo 402 kilómetros de carreteras; se deterioró considerablemente el sistema eléctrico nacional. Las familias viviendo en casas de barro ascendió de 23 % a 52 % en diez años. Las industrias se redujeron en 6.772 en ese periodo. Sería muy extenso seguir narrando con cifras el saqueo sufrido por la nación venezolana en manos de un Gobierno populista como el de Hugo Chávez y que lo ha terminado de hundir Nicolás Maduro.

La relación desarrollada por Hugo Chávez con Cuba produjo, no solo el carísimo subsidio de Venezuela a la isla del Caribe, sino que emergieran proyectos multimillonarios como Unasur y PetroCaribe que sirvieron para drenar los recursos venezolanos para apoyar los intentos de Chávez de ser el nuevo Castro de América. Era una forma muy cara de comprar lealtades que cada día se pierden por no poderse mantener las prebendas que antes les daban y por el putrefacto hedor que Maduro produce hasta en sus antes incondicionales aliados. A este despilfarro internacional se suma, quizá por muchísimo más, todo lo que parientes, amigos, copartidarios del difunto comandante descaradamente robaron de las arcas públicas de su país.

Como bien señala Curiel: Hay que conocer el pasado para evitar en el presente sus errores, profundizando los aciertos. Venezuela resurgirá, a pesar del saqueo que tirios y troyanos han hecho de su economía y la destrucción moral que su sociedad ha padecido. Solo hay que recordar que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Los venezolanos sabrán reconstruir su país por su voluntad y con la ayuda de Dios.

Lo que aún no logro entender es cómo todavía hay gente en el mundo que considera un logro el llamado Socialismo del Siglo XXI.

ABOGADO Y POLÍTICO.

Publicado originalmente en La Estrella (Panamá)

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