El Festín de Nicolás, por @charitorojas

“La guerra hace ladrones y la paz los cuelga”. George Herbert (1593 – 1633), poeta, orador y sacerdote inglés.

Margarita blindada por los cuatro costados. Uniformados encapuchados patrullando las calles, no para cuidar a los margariteños azotados por el hampa, sino para evitar protestas que pudiesen ver los invitados a una alineada cumbre de los No Alineados. Fragatas en las costas, helicópteros sobrevolando con francotiradores colgados, aislamiento total del centro de convenciones y el hotel donde se alojaban los delegados.

El gobierno de Maduro organizó esta cumbre para pretender  ante el mundo que en Venezuela  no pasa nada, que hay agua, comida en abundancia, medicinas, seguridad y que el pueblo adora a la revolución y al finado Chávez, cuyo nombre se impuso al salón de sesiones y cuya bronceada estatua de 3,5 metros fue inaugurada en medio del bullicio de los “navegaos” que importaron para alojarlos en un campamento de malvivientes que perturbaron la paz de la isla. El aislamiento de los delegados fue tal que ningún periodista acreditado pudo entrevistarlos, confinados en una sala de prensa desde la cual veían las sesiones a través de una pantalla. Ninguna delegación ofreció rueda de prensa. Todas las actividades se desarrollaron entre las paredes del expropiado hotel Venetur. Los visitantes se fueron tan callados como llegaron. Sin pena ni gloria, en una cumbre cuyo documento final es más del mismo bla bla de siempre, no vinculante, sin ningún peso internacional. La prensa mundial ignoró esta cumbre….pero no su entorno.

La verdadera noticia de Margarita fue el derroche con el cual el régimen quiso tapar la crisis humanitaria de un país humillado por el hambre y las carencias de todo tipo. Esta cumbre es una ofensa hacia el 37% de niños venezolanos desnutridos, a los adultos mayores sin pañales ni medicinas, a los enfermos de cáncer sin tratamientos, a los padres desesperados sin comida para sus hijos, a los desempleados, a los que no pueden ya cancelar el alquiler ni reparar su vehículo, a quienes peregrinan buscando medicinas, toallas sanitarias o un desodorante. Venezuela muere de mengua y de arrechera mientras el régimen monta una cumbre que según los cálculos ha podido costar casi 200 millones de dólares.

Sin duda este es un país donde está a gusto Robert Mugabe, presidente por 29 años de Zimbawe, país africano donde, mientras la gente muere de hambre con una inflación del 1.000%, él celebra sus floridos 92 años con fiestas de champaña y langosta, un “presidente” que controla el poder electoral y pone presos a sus opositores, un mandatario considerado forajido internacional, uno que sólo puede viajar a países amigos como Venezuela, que junto a China y Gabón, lo sostienen económicamente en el poder.

Él fue uno de los siete presidentes presentes, junto al cubano Raúl Castro, el ecuatoriano Rafael Correa, el boliviano Evo Morales, el presidente de la autoridad palestina Mahmud Abas y el salvadoreño Salvador Sánchez, además del presidente de Irán, Hasan Rouhaní, quien entregó la presidencia al anfitrión Maduro. El que hace el inmenso gasto de montar la cumbre, que en este caso fue de puros rellenos, preside esta organización, que no tiene sede ni sentido en el mundo globalizado de hoy. Azerbaiyán será la próxima sede y su presidente ni siquiera fue a Margarita. A última hora, aviones de Conviasa buscaban en Caracas a los embajadores de muchos de los 120 países, para que fueran a presidir su delegación. La cancillería venezolana hasta el día de hoy, no ha informado el listado de las delegaciones presentes.

El portal  www.el-ají.com , reseñó día a día lo que ocurría en la isla, mientras la cumbre se desarrollaba a puertas cerradas. Miles de jóvenes del PSUV fueron llevados en ferry para instalarlos en un campamento, con carpas de “paquete” compradas para la ocasión y baños portátiles (alguien hizo esa jugosa compra), con comida, caña y conciertos incluidos, en un terreno privado junto al Venetur. Los vecinos sufrieron robos de equipos de sonidos, destrucción de propiedad privada, contaminación fecal y sónica, desde el martes 13 hasta el domingo 18.Todo para que si los delegados asomaban su nariz, vieran la marea roja aclamando a Maduro.

Tres días de conciertos a todo volumen atormentaron a los margariteños y taparon el sonido de las cacerolas. La gigantesca tarima, una Ground Support, es la más costosa que hay en el país y la tienen una sola empresa: Tuandamio.com, que pertenece casualmente al ex ministro Pedro Morejón. Participó también la empresa Promontaje, de la cual se dice que su verdadero propietario es Alejandro Ceballos, gran contratista de la Misión Vivienda. También estaría involucrado en la organización el cubano Daniel Quevedo, vicepresidente del Poliedro. Artistas internacionales como Maluma y Wissin, cobraron cada uno 70.000 dólares, de los que no hay para la materia prima de los productores nacionales. El estimado de la tarima, sonido, iluminación, barricadas y plantas eléctricas podría estar por el orden de los 1.200 millones de bolívares. Sin “la mordida”, claro está.

Venezuela pagó hoteles completos que no llegaron a ocuparse, una gigantesca movilización de vehículos, tanques, buses, aviones y barcos para trasladar incluso desde sus países a los delegados, cisternas y plantas eléctricas para suplir los deficientes servicios, cinco vuelos charter desde Europa con alimentos, bebidas y delicatesses para los invitados, instalación del gigantesco centro de convenciones con todo su equipamiento tecnológico, made in Alemania. También costeó el sainete del camping psuvista.

Los margariteños y los venezolanos comprobaron así que pueden tener agua todos los días, electricidad sin cortes, vigilancia en las calles, hospitales habilitados, semáforos reparados, calles asfaltadas y pintadas, comida en la mesa…pero no con éste régimen que prefiere a los de su mismo pelaje. Este festín grosero donde los canallas comen delante de los hambrientos, debe acabar ya.

Charito Rojas

Charitorojas2010@hotmail.com

@charitorojas

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