​Al régimen de Nicolás Maduro se le acabó el carburo, por Johan Rodríguez Perozo

La dictadura de Pérez Jiménez llego a su fin entre los años de 1957 y 1958, de la mano de la crisis militar y el desconocimiento popular, incubado en la dinámica de largos años caracterizados por la persecución, encarcelamiento y asesinato de todos aquellos que osaron disentir del régimen de entonces. Hoy, Maduro y sus conmilitones, echan mano de la tramposa y manida propuesta de instaurar una nueva Asamblea Nacional Constituyente, en vano intento por reeditar la jugada política que le permitió a Chávez convertir a Venezuela en una suerte de campamento minero. 
Un repaso interesado por el contexto histórico contemporáneo venezolano, nos lleva a hurgar en la realidad actual, con la finalidad de encontrar algunas respuestas a la situación que hoy confronta la sociedad venezolana. En ese sentido, retrotraerse a los días finales de la dictadura encabezada por el General Marcos Pérez Jiménez, intentando un parangón con la que hoy lleva sobre sus hombros Nicolás Maduro e iniciada por Hugo Chávez, no sería visto como un ejercicio desdeñable para la construcción de algunos escenarios factibles. En todo caso, existen más similitudes entre una y otra circunstancia, que diferencias notables entre éstas. Los protagonistas y responsables de la conducción de ambos regímenes marcaron su impronta, cuando asumieron la vía del Golpe de Estado como herramienta para tomar al poder. Ambos también, con sus respectivas variantes, encontraron su propio Jordán democrático y electoral que les permitió encubrir la verdadera intención de su proyecto político: abrazar el poder de manera imperecedera y liquidar todo vestigio de vida democrática y libre.

Marcos Pérez Jiménez y su camarilla, una vez que decidieron derrocar al Presidente Isaías Medina Angarita, asumieron como objetivo la toma del poder a cualquier precio. Hugo Chávez y sus conmilitones, aunque fracasaron de manera flagrante en el intento golpista de liquidar la Democracia, derrocando a Carlos Andrés Pérez, sin embargo, a la larga pudieron recomponer su proyecto y alcanzar el poder. Ayer como hoy, pérezjimenismo y chavismo se burlaron del país como les dio la gana. Pérez Jiménez y su grupo, luego de consolidar la idea del Golpe de Estado, apoyaron y se aprovecharon del hecho democrático derivado de los acontecimientos acaecidos el 18 de octubre de 1945. Chávez y sus conmilitones, una vez redimidos políticamente, mediante una dispensa presidencial, lograron alcanzar el poder por la vía electoral.

Los dos regímenes gozaron de amplio apoyo para la ejecución de sus planes. La dictadura de los años cincuenta contó con la fuerza de las bayonetas y las arcas públicas llenas de dinero. La instaurada por Chávez y Maduro, con amplio apoyo popular y elevados y nunca vistos precios del barril petrolero. A Pérez Jiménez, al menos se le reconoce haber emprendido un plan de obras, muchas de éstas continuadas en la era democrática. A Chávez y Maduro, por el contrario, se les recrimina haber dilapidado en culto a la personalidad y expansión allende la frontera del fallido proyecto político, la fortuna más gigantesca de la que haya gozado Venezuela en toda su historia republicana. Con el agravante para el régimen actual, que el objeto principal del demagógico discurso que lo catapultó al poder, hoy se ha convertido en la carga más pesada. La hambruna, el desabastecimiento, el deterioro en general del país, la muerte de miles de venezolanos por efectos de la violencia y la decadencia de la infraestructura sanitaria, son sólo una muestra de la profundidad del estado de miseria en el que han sumido a Venezuela entera.

La dictadura de Pérez Jiménez llego a su fin entre los años de 1957 y 1958, de la mano de la crisis militar y el desconocimiento popular, incubado en la dinámica de largos años caracterizados por la persecución, encarcelamiento y asesinato de todos aquellos que osaron disentir del régimen de entonces. La corrupción hizo metástasis en las entrañas del estamento civil y militar que la sostenía, hasta que un pueblo, aparentemente adormecido, junto a instituciones políticas, sindicales, profesionales, universitarias, empresariales y eclesiásticas, apoyados en el alzamiento militar de la época, decidieron ponerle fin al oprobio que los atosigaba. Días previos a la caída del régimen encabezado por Pérez Jiménez, se produjeron varios hechos significativos que, de una u otra manera, contribuyeron para determinar ese final. La Pastoral de Monseñor Arias Blanco, la huelga estudiantil de noviembre de 1957, la huelga de la prensa llevada a cabo por esos días, fueron algunos de los acontecimientos que contribuyeron a poner fin al régimen de entonces.

Hoy como ayer, el régimen iniciado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro, se debate en medio de una crisis de características similares. Corroído por la incapacidad, el sectarismo, la ignorancia y el resentimiento político y social, el régimen chavista ve venir en el horizonte el tsunami político y social que pondrá fin a más de tres lustros de ignominia. Hoy como ayer, un liderazgo político variopinto, apoyado en la enérgica presencia en las calles del movimiento estudiantil, a cuya participación activa se agrega masivamente una ciudadanía enardecida pero esperanzada, inspirados sin ninguna duda, en la profunda convicción por la vida en Democracia y Libertad y en la orientación de la fé cristiana que emana de las distintas corrientes teológicas compartidas por una sociedad plural, se apresta a dar al traste con las pretensiones hegemónicas de un régimen que ya no aguanta el impacto de la crisis generada pos sus acciones. 
Ayer, Marcos Pérez Jiménez intentó, bajo la engañifa del plebiscito, prolongar la vida del régimen dictatorial. Hoy, Maduro y sus conmilitones, echan mano de la tramposa y manida propuesta de instaurar una nueva Asamblea Nacional Constituyente, en vano intento por reeditar la jugada política que le permitió a Chávez convertir a Venezuela en una suerte de campamento minero. Al igual que ayer, bajo el signo de la misma herramienta que pretende servir de base a la prolongación de la tragedia que ha significado el chavismo en el poder, hoy, la fuerza telúrica de un pueblo cansado de tanta ignominia, derrumbará contundentemente las pretensiones de prolongarse en el poder de Maduro y su claque. 

Los venezolanos estamos obligados, por nuestra propia historia, a convertir esa convocatoria en el punto clave capaz de reunir la fuerza necesaria que liquidará al régimen moribundo. Cuatro factores fundamentales están llamados a jugar un papel clave en el logro de tal objetivo. 1.- La conjunción de las fuerzas agrupadas hoy en torno a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), configurada fundamentalmente por los partidos que la integran, de la mano de sus respectivos liderazgos, ampliamente reconocidos por la comunidad nacional e internacional. Todo ello apoyado en la fuerza electoral expresada en la conformación del actual parlamento nacional, bajo cuya institucionalidad ejercen de manera representativa del país, los 112 diputados elegidos por la contundente mayoría de venezolanos que se expresó en su favor en diciembre de 2015. 2.- Los sectores institucionales e individualidades alineados desde distintos frentes en la lucha contra el régimen tales como, movimiento estudiantil, movimiento sindical, academias científicas, universidades, gremios profesionales, empresariales, comerciales, productores del campo, industriales, comerciantes, transportistas, emprendedores, mujeres, movimientos vecinales, culturales, deportivos, al lado de figuras prominentes y representativas, líderes provenientes de las distintas instituciones antes señaladas, cuya independencia circunstancial de militancia partidista, no los exime de aportar como muchos ya lo están haciendo, de dar su contribución a esta causa por Venezuela- 3.- La movilización activa y participación no sólo en el debate político sino además, en las acciones concretas que desde su perspectiva vienen dando figuras y movimientos que en un principio se identificaron y participaron con la causa representada por las ideas impulsadas por Hugo Chávez y que hoy ven de manera coincidente con la mayoría del país, como Maduro y quienes le acompañan, se encaminan a la etapa más grave de destrucción del país que la historia venezolana haya conocido. 4.- La inmensa energía política y social que hoy se expresa en la calle, con la presencia masiva de una ciudadanía, en cuyos genes se incuba la fuerza que insufla las convicciones democráticas de una sociedad que no está dispuesta a rendirse ante el tirano. Esa fuerza ciudadana que ha logrado expresarse con claridad y contundencia las veces que ha sido necesario, tanto en participación electoral, como en acompañamiento al llamado a la calle del liderazgo político. 

En tal sentido y como ya ha sido señalado con anterioridad, hoy como ayer, la convocatoria a realizar una nueva Asamblea Nacional Constituyente, será la herramienta útil que la sociedad venezolana, conjugada en una sola consigna de lucha capaz de convertirse en la causa más representativa de los anhelos de Libertad y Democracia de toda Venezuela, ha de proclamar a los cuatro vientos: “hay que impedir que se haga la Constituyente”. Impedir la realización de la Constituyente tramposa de Maduro, significará el derrumbe definitivo del régimen. Tal como reza la jerga popular, ¡hay que darle un parao a la dictadura! Impedir la Constituyente, será la tarea de todos quienes albergamos el deseo de vivir en un país decente y de progreso. Será el esfuerzo definitivo que detendrá al oprobioso régimen de Nicolás Maduro y con su caída, Venezuela verá definitivamente la luz del surgimiento de una nueva vida en Libertad y Democracia. 

@johanperozo

Publicado en el Blog de Johan Perozo 

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