Horacio Velutini, empresario al “extremo”

Entrevista realizada publicada en Analítica

EUDOMAR CHACÓN

Si a Horacio Velutini le hubiesen dado la oportunidad de elegir su nacionalidad, escogería lo que es: venezolano. A este país le debe sus triunfos, “y quiero regresarle todo lo que me ha dado”, confiesa. Acá nació, estudió y vive. Tiene 55 años de edad y es un empresario que vive al “extremo”. Sí, así como se lee. Es que no solo es el presidente ejecutivo del Fondo de Valores Inmobiliarios (FVI), sino que es un hombre apasionado por los deportes extremos. Escalar, hacer paracaidismo, pilotear un avión o hacer clavados son solo algunas de las actividades que le apasionan.

Este criollo nació en Caracas el 20 de julio de 1961, en el seno de una familia empresarial. “Mi papá, Ibrahím Velutini, fue un ingeniero civil que participó en grandes construcciones del país, las cuales surgieron a partir de la década de 1930. En mi casa crecimos con una fuerte relación hacia este sector”.

Por eso, aunque Velutini estudió Derecho en la Universidad Santa María –a propósito, graduado en la primera promoción de la sede actual–, no vaciló en continuar el legado de la familia, junto a sus hermanos. “Llegamos a ser la generación de relevo. Nos orientamos al área de cemento y bloques –igual que nuestros antecesores–, pero estamos enfocados en el desarrollo inmobiliario y comercial”.

Mercado inmobiliario y finanzas en un mismo lugar

El FVI, el consorcio que preside Velutini, tiene en su haber toda una serie de construcciones distribuidas en distintos puntos del país y del Caribe.

La compañía se ha destacado por el desarrollo de centros comerciales (Centro San Ignacio, Tolón Fashion Mall, Paseo El Hatillo – La Lagunita, Llano Mall Ciudad Comercial, Blue Mall St. Maarten, Blue Mall Santo Domingo y Blue Mall Puntacana), oficinas (Centro Empresarial Galipán, Torres Kepler y Copérnico del Centro San Ignacio, Torre 3M, Torre Hewlett Packard – Parque Ávila, Torre Provincial, Oficinas Paseo El Hatillo – La Lagunita y Torre Menegrande), hoteles (JW Marriott Hotel Santo Domingo), residencias (Residencias Tolón, Mandala, Pórtico del Ávila y Premium La Escondida) y estacionamientos (más de 7.000 puestos).

Pero más allá de todos sus desarrollos, lo que hace especial a esta corporación, según Velutini, es que está insertada en el mercado de valores desde 1992. Si no fuera así, su nombre no tendría sentido. “En 1996 inscribimos las acciones en American Depositary Receipt (ADR), en la bolsa de Nueva York”.

Es por ello que este caraqueño considera que la empresa brinda un servicio integral, pues entiende el mercado inmobiliario desde un concepto financiero.

Corazón feliz

No intenta ocultarlo: Ariana, Gabriela y Emilia son su inspiración. Las tres son sus polluelas y, al igual que él, aman Venezuela. La primera es ingeniero civil, lo que da el indicio de que pudiera darle continuidad al negocio familiar; la segunda trabaja con la empresa ZOI Venezuela y la menor está en bachillerato.

Este caraqueño se ha encargado de impartir en sus hijas el amor por esta “Tierra de gracia” y las ha ayudado a entender que Venezuela siempre ha vivido contextos complicados, pero que esa no es una razón para dejar de apostar por ella.

“En mi generación éramos menos nacionalistas, queríamos menos al país, pero los jóvenes de ahora son más analíticos. Así como la Venezuela que tenemos hoy es la consecuencia de mi generación, la de mañana estará determinada por la generación de ahora”.

-¿Cómo ve la situación económica que atraviesa actualmente el país con relación a otros momentos históricos?

-Creo que el país tiene unos problemas estructurales que nacieron en los años ochenta pero que se agravaron en este tiempo. Hubo un punto de quiebre en 1983 con el Viernes Negro y la llegada de los grandes desajustes macroeconómicos. Escucho a muchos diciendo que antes las cosas estaban mejor. Entiendo que la nostalgia tiene una fuerza poderosa, pero no necesariamente permite analizar las cosas dentro de su contexto real.

Ahora bien, de lo que no cabe duda es que la Venezuela de ayer no tenía los índices de inseguridad a los que nos enfrentamos.

-Para usted, ¿qué le hace falta a Venezuela para resurgir?

-Un consenso de país. La polarización política nos ha llevado a una confrontación que no permite ver las buenas ideas. Cuando hay tanta lucha ideológica, la economía pasa a ser algo secundario y todo se vuelve una retórica constante de defensa de un lado u otro. Es necesario que los líderes dejen de lado las creencias políticas y lleguen a un consenso económico.

-¿Qué le dice a esas personas que ya no tienen esperanza en esta nación?

-La racionalidad y las emociones no necesariamente van de la mano. A mi modo de ver, las oportunidades están aquí, a pesar de la adversidad. Seguro hay quienes me juzgan, pero solo puedo expresar lo que he vivido. Este país me ha dado todas las oportunidades. Cuando empecé a trabajar, en 1983, no tenía nada. La crisis de ese año dejó a mi familia en una situación complicada.

Ahora bien, no puedo obligar a nadie a que piense como yo. Aquel que ya no tiene esperanzas y quiere irse, lo mejor es que lo haga. Si de pronto se da cuenta que no era lo que esperaba, Venezuela siempre lo va a recibir con los brazos abiertos.

¿Y qué consejo le da a los que optan por quedarse?

-Yo siempre le hablo más a ese tipo de gente. Si decides quedarte, tienes el reto de asumir este contexto tan complejo. Si te vas, te enfrentarás al hecho de vivir siendo un inmigrante. ¿Cuál de los dos desafíos quieres asumir?

Necesitamos gente con sentido común. Aquellos que estén dispuestos a sentarse y construir el país.

-¿Qué es lo que más le gusta de Venezuela?

-Su gente. Yo he viajado por distintos países y aún en estos tiempos tan difíciles, consigo al venezolano como la persona más amable del mundo. Claro, hay muchos malos que están destacando, pero la gente de a pie es excepcional.

-Por último, ¿puede resumir en una frase a Venezuela?

-Un país grandioso, extraordinario y con un gran resurgimiento en la gente joven.

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