La sardina: El resuelve popular

Los caladeros de Pampatar, Manzanillo, Playa Valdez y Playa Moreno comienzan a mostrar la faena que permite la captura y la venta de la sardina, detrás de la cual también vienen los jureles.

Desde las alturas naturales de la bahía de Pampatar y pendiente de la costa que viene de Guacuco, los vigías, apoyados por las embarcaciones de los pescadores están pendientes de la mancha oscura que delata en el agua el cardumen sardinero.

Una comunicación telefónica y el buzo se sumerge a calcular el peso de la masa de peces para estimar su rentabilidad. Si es comercial, comienza la faena: Hay que encerrarla en el “tren”, una larga red especialmente diseñada para contener a la especie. Luego hay que rodearla y encerrarla para esperar la calada, es decir, el momento de la captura física y montarla en los botes que las llevará hasta la playa.

Allí comienza otra batalla. Los primeros son los pelícanos que revolotean sobre el tren calado y se lanzan en picada para aprovechar al máximo la concentración de sardina. En la orilla de la playa, también disputan con los humanos su parte del botín.

Al conocerse la noticia de la pesca, los vecinos de Pampatar y localidades cercanas se acercan a buscar el alivio que representa poder conseguir algo de proteínas en la carne de esta delicia marina. Tobos de 18 litros se pueden comprar mil bolívares, pero una bolsa de dos o tres kilos se puede llenar con lo que cae de las cestas, o con la venia de cualquiera de los pescadores o trabajadores de la faena.

Me cuenta Héctor Montaner, un propietario de tren de pesca, que el negocio es una empresa familiar en la cual participan hermanos, padres hijos, sobrinos: “Es una tradición, siempre ha sido así y así siempre será. Yo soy licenciado en enfermería, me jubilé y ahora estoy encargado de este negocio porque mi padre murió. Es la manera como hacemos las cosas”, Me dice Héctor.

Actualmente el precio por kilo para los “caveros” es de Bs. 300/kilogramo, pero para “la Bolivariana” se factura a Bs. 200/Kg, una manera de cumplir con su responsabilidad social.

La pesca de la sardina se ha constituido en un resuelve para la alimentación de la familia venezolana, que encuentre en esta especie un sabor delicado y de alto contenido protéico que todavía está al alcance de su presupuesto. Y desde aquí, llega incluso hasta el estado Táchira. Allá también está presente la sardina margariteña, llevada por transportistas que, igual que otros colegas, se quejan de “el martillo” en las alcabalas de la GNB: siempre hay que llevar unas cuantas cestas a la mano para dejar en el camino.

Francisco Franco M./El Ají

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