Panameños quieren pedir visa a venezolanos que huyen de la dictadura. Se olvidan cuando huyeron del yugo de Noriega

Foto: La Estrella de Panamá

El ex boxeador Roberto “mano de piedra” Durán, afirmó el pasado viernes en una entrevista al diario panameño “Crítica”, que el gobierno de Panamá debe pedir visa a los venezolanos y colombianos que quieran ir a Panamá.

Durán, quien paradójicamente fue personificado por el actor venezolano Edgar Ramírez en la película “Hands of stone”, en donde participa también Robert de Niro y el panameño Rubén Blades, fustigó a los inmigrantes venezolanos y colombianos. “llegaron un poco de gente y empezaron a robar… entre venezolanos y colombianos y tuve que cerrar el negocio” afirmó Durán.

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Edgar Ramírez, Robert de Niro y Rubén Blades

A juicio del ex boxeador, “ser bueno con la gente humilde no sirve de nada. Ellos son los mismos que te roban y más los extranejeros de afuera que tantas <aguevazones> hablan (colombianos y venezolanos) y son los primeros que están metiendo la mano en Panamá”

Culmina diciendo, que se debe poner mano dura en migración “porque si a nosotros nos exigen visa para entrar a los EE.UU. ¿por qué Panamá no pude hacer lo mismo?“.

Escuche la entrevista a Duran

Promueven protesta el próximo domingo 20 de noviembre contra los venezolanos en Panamá

En una imagen que circula a través de las redes sociales y los servicios de mensajería instantánea, una imagen convocando a una cadena humana el próximo 20 de noviembre para protestar contra la presencia extranjera en el istmo.

Llama la atención que en uno de los puntos “motivadores” para la movilización sugieren “no más arepas ni tequeños”

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Algunos datos importantes

En el año 2015, llegaron a Panamá 273,841 viajeros procedentes de Venezuela, es decir, un 10.5% de visitantes más que igual periodo de 2014, según datos de la Contraloría General de la República panameña.

Igualmente, el capital venezolano ha impactado con fuerza la economía panameña, señaló Hugo Santaromita, consultor, periodista y escritor, quien calcula que habría unos 150 mil venezolanos residiendo en Panamá, atraídos principalmente por la idea de iniciar un negocio propio.

Durante el primer trimestre del 2015, los venezolanos fueron los extranjeros que más permisos de residencia obtuvieron en Panamá.

De un total de 3 mil 851 permisos de residencia aprobados por Migración en ese periodo, mil 419 correspondieron a ciudadanos venezolanos, lo que supone el 37% de la cifra total.

En cuanto a las empresas, se calcula que más de 300 empresas de capital venezolano operan legalmente en el país, agregó Santaromita.

En el centro bancario panameño, sus depósitos constituyen la tercera fuerza extranjera, con depósitos líquidos de más de $2,500 millones, el tercer lugar, detrás de Colombia y las cuentas off shore.

Siendo Panamá un centro financiero muy importante, es trascendental destacar que entre los 10 principales bancos que operan en el país, uno de ellos es venezolano.

Publica el diario La Estrella de Panamá el domingo 20 de marzo de 2016

Con $18,723 millones en activos y el 13.4% del total, Bac Internacional se ubicó en la primera posición del ranking de los bancos que integran el CBI el año pasado.

En la posición dos del ranking se encuentra el Banco General, con $14,809 millones en activos (10.6%), y en la tercera, Bancolombia, con $12,766 millones (9.1%).

Dentro de los 10 primeros bancos en el ranking de activos en el CBI se encuentran también el Banco Nacional de Panamá, Banistmo, el Banco Latinoamericano de Comercio Exterior (BLADEX), Bank of China, Global Bank, Banesco y Multibank.

Pero Panamá no ha sido siempre un receptor de inmigrantes que huyen de una crisis mucho más que económica, pues para el caso de Venezuela es mucho más profundo que una simple situación de economía, sino que se trata de lograr tener una vida, tal y como le ocurrió a Panamá en la década de los 70 cuando padeció el régimen de Manuel Antonio Noriega.

Según publicó el mismo diario panameño, La Estrella de Panamá el pasado domingo 20 de septiembre de 2015

“Cuando los panameños fueron la inmigración no deseada”

Recuerda el diario cómo los panameños vieron la posibilidad de emigrar hacia Canadá, porque ofrecía más que calidad de vida, facilidades migratorias. En ese momento, los panameños huían de una dictadura (igual que los venezolanos hacen hoy en día)

“En medio de la crisis política de finales de los años 80, unos 2000 panameños decidieron rehacer su vida en ciudades de Canadá.” afirma el diario. Panamá, es demográficamente 10 veces más pequeño que Venezuela. La relación exacta, es 10 a 1, lo cual supone que esos 2.000 panameños que emigraron en los 80 hacia Canadá, representarían a unos 2.000.000 de venezolanos en proporción. Justamente, esa es la cifra aproximada de Venezolanos que han huido del régimen chavista, solo que lo han hecho a todas partes del mundo.

Continúa el la publicación hecha por el diario panameño:

“….Roberto, un electricista de treinta años, padre de tres hijos, decidió dejar el país y aventurarse a Canadá. Estaba dispuesto a lavar carros, barrer calles o lavar platos, ‘lo que fuera, con tal de ganar dinero para mantener a mi familia’.

Como Roberto, entre julio y septiembre del año 1988, unos mil 700 panameños, entre ellos doctores, ingenieros, hombres de negocio, contadores y otros profesionales de clase media, eligieron a Canadá como destino.

La ventaja de este país era que a diferencia de Estados Unidos, por ejemplo, no se requería visa. Solo el pasaporte. Además, corría la voz en aquel entonces, de que el gobierno canadiense ayudaba a los que ‘de verdad’ querían trabajar.

Los comentarios callejeros y hasta la promoción activa de algunas agencias de viaje convirtieron a Canadá en un destino tan popular, que nuestros nacionales, no dados a emigrar de forma masiva, se convirtieron en la mayor ola migratoria que Canadá había experimentado desde finales de los 60.

Esta avalancha de visitantes provocó la curiosidad de la ciudadanía y la crítica de los opositores del gobierno, motivando a la prensa a reportar periódicamente sobre la presencia panameña en las ciudades de Otawa y Montreal.

Uno de los artículos periodísticos encontrados por Wong da cuenta de la desesperación de los funcionarios de inmigración del aeropuerto de Dorval, en Montreal, ante la marejada.

Solo en el mes de agosto de 1988 recibieron 800 peticiones de estadía permanente de parte de pasajeros que llegaban en el vuelo nocturno de Delta, en grupos de 20, 30 o 40.

Pero en septiembre los números empezaron a aumentar. El sábado 3, llegaron 61 panameños pidiendo ser acogidos. El domingo 4, fueron 84. La siguiente noche se recibieron 105.

Después de procesar 83 solicitudes, ya entrada la madrugada, los funcionarios de migración decidieron detener las entrevistas. El resto de los viajeros fue enviado en un bus a un centro de prevención donde tuvieron que pasar la noche. Como presos.

Enfrentarse con las autoridades de inmigración fue el primer vaso de agua fría que se les arrojaba encima pero no el primero.

El diario The Gazette, de Otawa, describe a los inmigrantes panameños como personas de clase media, mayormente entre los 25 y los 30 años.

‘La mayoría llega con sus familias y pocos tienen dinero’, prosigue.

El artículo también menciona con curiosidad que eran personas bien acicaladas, de buenos modales y llevaban ropa no necesariamente nueva, pero sí con marcas como Raph Lauren y otras similares.

Aunque bien preparados académica y profesionalmente, los inmigrantes no podían trabajar mientras no solucionaran el limbo legal en que se encontraban: para obtener su permiso de estadía debían acogerse a la figura legal de refugiados, sin embargo, para ganar este reconocimiento no bastaba con relatar los sufrimientos que experimentaban en su país de origen. Debían demostrar que eran perseguidos políticos, que en su país enfrentaban el riesgo de ser encarcelados, torturados o asesinados.

La mayoría no cumplía con esta condición. Y las autoridades canadienses lo sabían.

Muchos que solo habían participado en manifestaciones, se sintieron obligados a mentir y exagerar su historia ante las autoridades….”

Lea la nota completa acá

Pareciera, la historia de los panameños que huyeron hacia Canadá, tal cual la historia de los miles de venezolanos que han decidido dejarlo todo en su país, para conseguir un espacio en otro, donde vivir no sea un sueño, sino la posibilidad de hacerse realidad.

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