La Unión Europea reclama al líder turco que frene la represión

Europa condenó el fallido golpe de Estado en Turquía cuando parecía claro que el presidente Recep Tayyip Erdogan conservaría el poder, pero la represión de los últimos días incomoda en las cancillerías del continente, que ven a Turquía como pieza clave para la seguridad europea y para frenar la llegada de refugiados.

Cientos de altos cargos de las Fuerzas Armadas, casi 3.000 jueces y fiscales y otros funcionarios hasta sumar ya unas 6.000 personas fueron detenidas entre el sábado y el domingo. El ministro de Justicia, Bekir Bozdag, dijo que “la gran limpieza continúa”.

El fallido golpe dejó al menos 265 víctimas mortales entre conspiradores, policías que se les enfrentaron y civiles. Algunos medios turcos publicaron imágenes de soldados muy jóvenes siendo linchados. Erdogan lo había dicho en la madrugada del viernes al sábado: “Pagarán un alto precio”.

Las voces empiezan a levantarse. El presidente estadounidense Barack Obama recordó al gobierno turco “la necesidad vital” de “actuar en el marco del Estado de Derecho”. Washington pidió a sus ciudadanos que no viajen a Turquía y cortó todos los vuelos directos.

La “canciller” europea Federica Mogherini, en nombre de los 28 gobiernos del bloque, emitió un comunicado de prensa en el que, tras repetir que condenaba el golpe de Estado y apoyaba a las “instituciones democráticas”, ya criticaba la represión del sábado y el domingo: “Pedimos que acabe el uso de la violencia y que la Policía y las fuerzas de seguridad muestren contención y responsabilidad para prevenir más víctimas. Las tensiones sociales sólo pueden enfrentarse a través de procesos democráticos”.

Mogherini, que fue la primera dirigente europea en condenar el golpe la noche del viernes, cerró el comunicado diciendo que Turquía necesita “volver al orden constitucional con su separación de poderes y respeto al Estado de Derecho y las libertades fundamentales”.

La diplomacia francesa le dijo a Erdogan que el golpe de Estado no puede convertirse en “un cheque en blanco”. El canciller Jean–Marc Ayrault pidió a Ankara que respete el Estado de Derecho y fue el primer europeo que utilizó el término “purgas” para describir los acontecimientos políticos turcos de los últimos días.

La OTAN pidió “respeto pleno” a las instituciones democráticas turcas. El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, fue más duro. Tras condenar el golpe, dijo que “el gobierno turco no puede aprovechar esta ocasión para romper las reglas democráticas, restringir la libertad de expresión y los derechos fundamentales. El reinado de un solo hombre y las decisiones arbitrarias no son aceptables en un país que no es sólo un aliado estratégico sino también un candidato a la adhesión a la UE”.

Erdogan anunció este domingo que el Parlamento turco estudiará la reintroducción de la pena de muerte. Eso iría contra la Convención Europea de Derechos Fundamentales, por lo que Turquía podría ser expulsada del Consejo de Europa y dejaría de ser candidata a la adhesión a la UE. Las normas europeas son claras: “la abolición –de la pena de muerte– es una precondición para los países candidatos que piden su adhesión a la UE”. Los cancilleres se reúnen hoy en Bruselas –se estrena el británico Boris Johnson y acudirá también el secretario de Estado estadounidense John Kerry– y Turquía llenará la agenda. La UE sabe que tiene que levantar la voz contra la deriva autoritaria turca en respuesta al golpe pero debe medir muy fino su crítica porque de Turquía depende que no le lleguen, como el año pasado, miles de refugiados cada día.

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