Golpe en Turquía fracasa por resistencia de la población en las calles

El Gobierno llama a sus seguidores a que continúen en las vías públicas para evitar nuevas intentonas. Hay 2.800 detenidos y 265 muertos, entre ellos 104 golpistas, según el entorno de Erdogan

Un golpe de Estado fallido sumió en la noche de este viernes en una situación caótica a Turquía, un aliado estratégico para Europa y miembro de la OTAN. Sectores de las fuerzas armadas turcas se sublevaron para tratar de hacerse con el poder en el país y decretaron la ley marcial. Casi siete horas después el presidente Recep Tayyip Erdogan apareció ante los medios de comunicación para dar por sofocado el golpe y advirtió de que “los involucrados pagarán un alto precio”. Sin embargo, la inestabilidad permanece en las principales ciudades del país, la capital, Ankara, y Estambul. Y el Ejecutivo ha llamado a sus seguidores a que continúen en la calle para evitar nuevas intentonas golpistas. Hay 265 muertos, entre ellos 104 golpistas y 47 civiles, según ha informado el entorno de Erdogan.

Policías y ciudadanos turcos, sobre un vehículo militar invoclurado en el golpe, en el puente del Bósforo de Estambul. MURAD SEZER (REUTERS) / QUALITY
 A través de la televisión se pudo ver cómo los golpistas comenzaban a ser detenidos y los militares eran expulsados del canal de televisión estatal desde el que estaban controlando la información. El Gobierno cifra en 2.800 detenidos por su participación en el golpe.

Las horas que siguieron al golpe han sido sangrientas.Además de los 104 presuntos golpistas muertos, el jefe de las Fuerzas Armadas de Turquía en funciones, Umit Dundar, ha cifrado en 161 los policías leales y los civiles fallecidos durante la rebelión militar.

Durante su intervención, Erdogan dijo que habían tratado de derribar su avión con los F-16 del ejército y que bombardearon su hotel justo cuando ya había salido. Sin embargo, el mandatario insistió en que “esto terminará bien” e hizo una llamada a los golpistas: “Sois nuestros hijos”. “Es inaceptable que dirijáis vuestras armas contra padres, madres e hijos. Si apuntáis las armas al pueblo que os las dio, pagaréis las consecuencias”, señaló.

Erdogan en su comparecencia en Estambul durante el golpe.
Erdogan en su comparecencia en Estambul durante el golpe. AFP

El presidente turco exigió que “todos aquellos que estén conduciendo tanques en la calle que regresen a sus cuarteles”. “Ya han comenzado las detenciones y llegaremos hasta lo más alto”, señaló en tono sereno y vestido con corbata, acompañado de varios funcionarios y frente a una imagen de Atatürk, el padre de la Turquía moderna.

Paralelamente, la llamada de Erdogan a la población a defender el poder “democrático” derivó en enfrentamientos a tiros en Ankara y Estambul. La agencia progubernamental Anadolu informó de que 17 policías de las fuerzas especiales fueron asesinados en una academia de policía en la capital. En esa misma ciudad varios tanques dispararon en las inmediaciones del Parlamento turco y un avión de combate utilizado por los golpistas fue derribado. También se escucharon bombas lanzadas desde los aviones de combate que sobrevolaron Ankara.

En el centro de Estambul seguía el descontrol mientras los tanques recorrían las calles y los simpatizantes del presidente se echaban a las calles y tomaban las principales plazas agitando banderas nacionales.

Los movimientos comenzaron en torno a las diez de la noche cuando camiones de transportes de tropas se estacionaron a la entrada de los puentes que cruzan el estrecho del Bósforo en Estambul y los cerraron al tráfico. Poco después, en Ankara, los blindados y los tanques tomaron posiciones en las calles y varios cazas pasaron en vuelo rasante sobre la capital. Un pelotón de soldados golpistas se dirigió al Estado Mayor de Turquía y con el apoyo del fuego aéreo de un helicóptero de guerra Sikorski penetró en el edificio y tomó como rehén al jefe del Estado Mayor, el general Hulusi Akar.

Todo se desarrollaba con gran rapidez y en medio de una gran confusión. Pero, en general, de acuerdo a lo planificado con los golpistas. Como en anteriores asonadas, rodearon varios edificios importantes en la estructura del Estado e instalaciones como el Aeropuerto de Estambul y se hicieron con el control de la radiotelevisión pública TRT donde, tras cortar la emisión, hicieron a una presentadora leer un comunicado en el que afirmaban haber tomado el poder ante las “amenazas” a las que se enfrenta Turquía y que el Gobierno es “incapaz” de atajar, así como a la deriva “autocrática” del presidente Erdogan, al que acusaron de “traidor”. Asimismo anunciaron un toque de queda en todo el país, que pasaría de forma temporal a ser dirigido por el llamado Consejo de Paz en Casa.

Tampoco contaban los militares sublevados con que el presidente Erdogan, considerado un islamista moderado, además de un fuerte rechazo, concita igualmente un enorme apoyo popular en Turquía. Solo hay que ver cómo fue recibido de madrugada en el aeropuerto. El levantamiento militar le pilló fuera de Ankara, pero “desde un lugar seguro” —según una fuente de su entorno, que no quiso revelar la localización— lanzó un llamamiento mediante una intervención telefónica en la cadena CNN-Türk: “Salir a la calle, tomar las plazas, ir al aeropuerto (de Estambul). ¿Qué van a hacer? ¿Van a disparar al pueblo? Esto es un ataque contra la democracia”. Como en otras ocasiones en que el mandatario turco ha apostado al todo o nada, esta vez también triunfó.

Miles de personas comenzaron entonces a llenar las plazas enarbolando banderas de Turquía, mientras desde las mezquitas se hacían llamadas a defender al Gobierno democráticamente electo. La gente tomó las plazas y se subió sobre los blindados del Ejército sin que apenas se registraran disturbios, excepto en el puente del Bósforo, donde los militares abrieron fuego contra los manifestantes.

A medida que transcurría la noche, los generales al mando de la Marina, el Primer y el Tercer Ejército de Tierra, la Gendarmería y otros destacamentos militares hacían llamamientos a que los militares volviesen a sus cuarteles. Poco a poco y pese a algunos combates —y varias explosiones registradas en el Parlamento, donde murió uno de los diputados que desafiantes se habían reunido allí— el golpe se fue desinflando. En torno a las 2.30 de la mañana, una hora menos en España, el jefe de los servicios secretos, Nuh Yilmaz, anunciaba que el jefe del Estado Mayor había sido rescatado y se encontraba “al mando de la situación”. El centro nacional de inteligencia llegó a decir que el golpe había fracasado.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha llamado a evitar “cualquier violencia y derramamiento de sangre” en Turquía y ha declarado su respaldo al “Gobierno turco democráticamente elegido”. A esta llamada se unieron las Naciones Unidas, la Unión Europea, la OTAN y Rusia, que hizo un llamamiento en favor del respeto de la ley.

Erdogan lleva más de una década al frente de Turquía. Entre 2003 y 2014 fue primer ministro, y desde hace dos años es jefe de Estado.En lo que va de 2016, Turquía registra al menos un atentado terrorista al mes.

Tradición golpista

Si bien la tradición golpista ha sido un vicio constante de los militares turcos, sería incorrecto equiparar todos los golpes de Estado que ha sufrido el país, ya que cada uno de ellos tuvo unas características diferenciadas que revelan las pugnas de poder que, como en la sociedad turca, han tenido también lugar en el seno de las Fuerzas Armadas. El primero, de 1960, de tendencia progresista —algunos autores lo comparan a los golpes baazistas— fue ejecutado por la baja oficialidad contra un gobierno conservador. En 1971, fue la cúpula militar la que intervino, pero sólo unos días después de desbaratar un complot de oficiales izquierdistas. En 1980, tras una década de enfrentamientos entre la izquierda y la derecha, el Estado Mayor tomó el control del poder liderado por un general muy conservador y en 1997 volvió a ser la cúpula militar, dominada por kemalistas y eurasianistas, la que actuó contra el Gobierno del mentor político de Erdogan, Necmettin Erbakan.

En este caso, el hecho de que la cúpula se haya mostrado contraria, indicaría una participación de mandos bajos o intermedios de forma similar a la ocurrida en 1960. Según fuentes del Gobierno, serían oficiales ligados a la cofradía de Fethullah Gülen, aunque extraña el hecho de que hayan podido movilizar a un número considerable de fuerzas militares, más cuando el Ejecutivo lleva dos años desbrozando las instituciones de supuestos gülenistas.

 

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